* Jordania observa con pánico cómo su espacio aéreo es violado por proyectiles de ambos bandos, intentando mantener una neutralidad que parece cada vez más insostenible.
Lo que hace tres años parecía una retirada estratégica de Occidente de las tierras afganas, hoy se revela como el inicio de un vacío de poder que ha sido llenado por la ambición regional. Ya no se trata de conflictos aislados; es una guerra de espejos. Pakistán golpea en el este lo que Irán golpea en el sur, mientras Estados Unidos, atrapado en su papel de aliado y protector, ve cómo sus bases se convierten en el blanco de una furia que amenaza con reescribir las fronteras del siglo XXI.
El mundo aguarda ahora la respuesta de China y Rusia. Con las arterias energéticas de Ormuz obstruidas y el polvorín nuclear de Asia Central encendido, el silencio de las grandes potencias es el preludio de una escalada que podría no tener retorno.