La situación que atraviesa hoy Cuba no puede explicarse únicamente como una crisis energética. Para el intelectual cubano Enrique Ubieta, director de la revista Revolución y Cultura, se trata de un momento crítico atravesado por el recrudecimiento del bloqueo estadounidense y un escenario de amenazas permanentes desde la administración de Donald Trump.
“Estamos en un momento realmente crítico”, afirmó sin rodeos. Pero rápidamente agregó algo central en su análisis: no es un episodio aislado ni inesperado. “El bloqueo se ha venido recrudeciendo desde el primer mandato de Trump. Y Biden lo que hizo fue mantener, incluso añadir algunas medidas contra el país”.
Para Ubieta, el corazón del problema está en lo que denomina “bloqueo petrolero”. No es solo una sanción financiera: es una estrategia dirigida a paralizar el funcionamiento integral de la sociedad.
“Le llaman medidas inteligentes. Aquí la inteligencia en función del mal, no del bien”, ironizó. “Son medidas que se hacen sobre un sector específico que es vital para el resto, que es el petróleo. Con ello paralizas no solo la fábrica, no solo la vida cotidiana, sino también las escuelas, paralizas los hospitales”.
La descripción es concreta y directa. La falta de combustible impacta en el transporte público, en la producción y en el sistema de salud. Y en ese punto su reflexión se vuelve más humana:
“El mal menor que yo puedo sufrir es no poder sentarme en la computadora libremente cuando yo quiera. Pero eso es un mal menor. Hay niños en los hospitales conectados a aparatos que necesitan electricidad y que pueden morir si no la tienen”.
La comparación con los años noventa surge de manera inevitable. Ubieta vivió el llamado Período Especial y reconoce que aquel momento fue “una cosa tremenda”.
“Yo lo viví muy directamente”, recordó. “Pero la sociedad acababa de salir de un período donde había tenido otras posibilidades, había disfrutado de mejores opciones de vida”.
Hoy la situación es diferente. “Venimos de un largo período de carencias”, explicó. Es decir, la crisis actual se monta sobre un desgaste previo, no sobre un contraste abrupto como ocurrió tras la caída del campo socialista.
Sin embargo, hay un elemento que, según él, permanece constante: la convicción de resistir.
“En aquel momento la gente entendió que era necesario resistir. Y ahora también hay comprensión de que estamos enfrentando un bloqueo y un nivel extremo de amenazas”.
Ubieta no esquivó el tema político. Habló de amenazas abiertas y de un clima internacional tenso.
“Estamos en un momento realmente crítico, con amenaza además. No creo que se atrevan, pero el loco ha demostrado que no tiene límites”, dijo en referencia a Trump.
Para él, no se trata solo de presión económica sino de una estrategia de intimidación más amplia.
“Estamos enfrentando un nivel extremo de amenazas. Y en ello nos va la vida nacional, nos va la independencia”.
Ante la pregunta sobre el aislamiento regional, su respuesta fue categórica:
“No, Cuba no está sola”.
Reconoció el complejo escenario político latinoamericano, pero destacó señales de solidaridad muy fuertes.
“Hemos recibido señales de solidaridad muy fuertes. No ya de gobiernos, que también, como China o Rusia, sino sobre todo de los pueblos”.
Mencionó iniciativas concretas, como flotillas solidarias que se preparan en Europa, y subrayó que el nombre de Cuba “resuena muy alto incluso entre intelectuales y artistas norteamericanos”.
“Cuba es un símbolo”, insistió. “Nosotros no tenemos grandes recursos por los cuales quieran invadirnos, pero somos un símbolo. Un símbolo de solidaridad que la hemos practicado siempre”.
Y agregó una frase que invierte la lógica habitual:
“Nosotros necesitamos ese apoyo, pero también el mundo nos necesita a nosotros”.
Ubieta no negó el malestar cotidiano. “Hay que saber escuchar”, dijo. “Los cubanos somos extrovertidos. Yo paso una mala noche y puedo decir cualquier frase de disgusto en una cola”.
Pero advirtió que muchos análisis externos confunden esa expresión crítica con ruptura política.
“El problema no es ese”, afirmó. Y recordó un episodio que, a su juicio, revela el pulso profundo del país: la llegada de los restos de 32 combatientes cubanos fallecidos en Caracas.
“El pueblo se estremeció totalmente. Hizo una cola gigantesca de horas bajo aguaceros que no paraban para pasar frente a los restos de esos combatientes”.
Lejos de amedrentarse, sostuvo, ocurrió lo contrario:
“Eso prendió esa pequeña llama que es imprescindible: la mística revolucionaria. Cuando la mística revolucionaria se enciende plenamente, es muy difícil enfrentar al pueblo en revolución”.
Para explicar esa capacidad de resistencia, Ubieta remite a una tradición histórica anterior a 1959. Menciona a José Martí como una figura central en la construcción de la conciencia antiimperialista.
Martí, recordó, advirtió sobre el crecimiento de Estados Unidos y la posibilidad de que “engullera a toda América Latina”. Y llegó a escribir que todo lo que había hecho por la independencia de España también había sido para impedir que Estados Unidos cayera con más fuerza sobre nuestras tierras.
Esa tradición, según Ubieta, atraviesa generaciones. “En Cuba la revolución no fue importada”, subrayó. “Aquí no recibimos tropas extranjeras. Fue una revolución que subió desde adentro, con raíces muy profundas”.
También evocó el liderazgo de Fidel Castro en momentos decisivos, pero insistió en que la fuerza principal está en la conciencia colectiva.
“Hemos enfrentado trece presidentes de Estados Unidos a lo largo de estos años”, recordó. “Son 67 años de Revolución. Yo crecí con la Revolución. Tengo su edad”.
La definición final sintetiza todo el diálogo:
“Nosotros no nos vamos a rendir. Es lo que quiero que sepa”.
En medio del recrudecimiento del bloqueo y las constantes amenazas, la postura que expresa Ubieta no es solo política, sino histórica. La crisis energética es real. Las carencias existen. Las tensiones también. Pero, según su mirada, la sociedad cubana entiende que lo que está en juego es la soberanía.
Y mientras ese principio siga siendo compartido, concluye, la dignidad seguirá siendo la respuesta.




