Luis Caputo afirmó que "puede haber una guerra mundial o una invasión extraterrestre" pero que Axel Kicillof nunca será presidente de la Argentina.
Sin embargo, las encuestas conocidas durante las últimas semanas muestran algo muy diferente. Distintos relevamientos coinciden en que el gobernador bonaerense se ha convertido en el dirigente opositor con mejores perspectivas electorales y que si las elecciones fueran hoy se impondria a Javier Milei.
El dato es políticamente relevante porque contradice uno de los principales supuestos sobre los que se apoya el discurso oficial: la idea de que el gobierno mantiene intacto su respaldo social y que no existe una alternativa capaz de disputar seriamente el poder.
Zuban Córdoba ubica a Kicillof encabezando la intención de voto presidencial con un potencial electoral cercano al 44%. Opina Argentina le asigna una imagen positiva del 43% y lo posiciona como el principal referente opositor. El promedio de encuestas muestra a Kicillof con niveles de aprobación similares o superiores a los de Milei y registra que el 42% de los consultados afirma que lo votaría o podría votarlo en una elección presidencial.
Incluso Atlas Intel, una consultora que no suele ser especialmente favorable al peronismo, lo mantiene entre los dirigentes nacionales con mejor valoración pública. Más allá de las diferencias metodológicas, las encuestas coinciden en algo fundamental: Kicillof se consolidó como el dirigente peronista con mayor proyección nacional y como una de las figuras opositoras con mejores perspectivas hacia 2027.
Facundo Nejamkis, director de Opina Argentina, sostuvo que una eventual elección entre Milei y Kicillof sería hoy "mucho más abierta" que en 2023 y que los números de su consultora muestran al gobernador bonaerense imponiéndose por entre cuatro y cinco puntos en un eventual balotaje. Manuel Zunino, de la consultora Proyección, fue igualmente contundente: "Cuando medimos al interior del espacio opositor, el que más mide es Axel Kicillof". Incluso señaló que en algunos escenarios el gobernador aparece primero y definió como una "anomalía" que una parte del peronismo erosione permanentemente al dirigente que mejor mide dentro del espacio opositor.
Las declaraciones de Caputo no parecen responder únicamente a una convicción política. También parecen expresar una preocupación. Porque si Kicillof fuera un dirigente irrelevante para el escenario nacional, no habría necesidad de mencionarlo permanentemente ni de intentar clausurar por anticipado una posibilidad electoral.
El problema para el gobierno es que estos números aparecen en un contexto que contradice el relato económico oficial.
Mientras Caputo insiste en presentar una Argentina encaminada hacia la recuperación, las propias encuestas registran un cambio profundo en las preocupaciones sociales. La inflación ya no ocupa el lugar excluyente que tenía hace un año, pero crecieron las preocupaciones vinculadas a los salarios, los ingresos, el empleo y las condiciones de vida.
Zunino señaló que durante buena parte de la gestión libertaria la demanda social estuvo vinculada a la estabilidad y al orden económico. Sin embargo, en los últimos meses comenzó a producirse un cambio significativo: la preocupación de la sociedad empezó a desplazarse hacia la situación salarial, los ingresos, el empleo y la calidad de vida.
Es precisamente allí donde aparecen las mayores dificultades del gobierno y donde comienza a fortalecerse la figura de Kicillof.
Milei construyó gran parte de su legitimidad sobre la promesa de estabilizar la economía. Cuando la principal preocupación era la inflación, el gobierno encontraba allí su principal fortaleza. Pero cuando las preocupaciones empiezan a ser los salarios, el trabajo y el poder adquisitivo, el escenario cambia.
Kicillof aparece entonces como algo más que un dirigente opositor competitivo. Empieza a convertirse en una referencia para amplios sectores sociales que buscan una salida diferente a la que ofrece el gobierno nacional. No solamente porque las encuestas lo muestran bien posicionado, sino porque comienza a expresar demandas concretas que atraviesan a millones de argentinos: la necesidad de recuperar ingresos, generar empleo, fortalecer la producción y reconstruir una perspectiva de futuro.
Y es en ese punto donde aparece otro dato difícil de comprender. Si las encuestas muestran que Kicillof es hoy el dirigente opositor con mejores condiciones para disputar el poder, resulta llamativo que una parte del propio peronismo dedique tantos esfuerzos a erosionarlo.
El propio Zunino definió esa situación como una "anomalía". La descripción parece adecuada. Mientras el oficialismo identifica a Kicillof como un adversario competitivo, algunos sectores parecen más preocupados por limitar su crecimiento que por fortalecer una alternativa al gobierno.
La contradicción resulta todavía más evidente porque las diferencias políticas entre los distintos sectores del peronismo parecen mucho menores que la intensidad de los enfrentamientos públicos. Los propios estudios cualitativos muestran que una parte importante del electorado peronista observa con incomodidad esas disputas y reclama una representación opositora más clara y más unificada frente al gobierno nacional.
Quizás por eso el dato más importante de estas encuestas no sea la diferencia exacta entre Kicillof y Milei. Lo verdaderamente relevante es que, por primera vez desde la llegada de La Libertad Avanza al gobierno, empieza a consolidarse una referencia opositora con capacidad real de disputar el escenario nacional.
Durante meses el oficialismo logró instalar la idea de que no existía una alternativa política capaz de desafiar seriamente su proyecto. Las encuestas comienzan a mostrar que esa etapa podría estar llegando a su fin.
En una Argentina atravesada por el ajuste y el malestar social, estos datos cuantitativos reflejan la aparición de una referencia capaz de transformar el descontento en una propuesta política y de devolver al debate público la posibilidad de comenzar a discutir el post mileismo.
Las encuestas parecen registrar un fenómeno político de mayor profundidad: la consolidación de Axel Kicillof como una referencia capaz de expresar demandas sociales que atraviesan a amplios sectores de la sociedad. En un escenario donde durante mucho tiempo pareció no existir una alternativa visible al proyecto libertario, comienza a emerger un liderazgo con capacidad de disputar el rumbo del país y de proyectar una expectativa de futuro para quienes creen que la Argentina merecede un destino mejor que el que impone el mileismo
Si las tendencias actuales se consolidan, el principal dato político de este momento no será solamente el desgaste del gobierno, sino la aparición de una alternativa capaz de disputar otro rumbo de pais, orientado hacia la justicia social.




