En un escenario internacional marcado por guerras, tensiones geopolíticas y una sensación creciente de incertidumbre global, conversamos en Barrio Adentro con el politólogo español Juan Carlos Monedero, una de las voces más influyentes del pensamiento crítico contemporáneo.
La charla recorrió algunos de los grandes temas del presente: la crisis del orden internacional, el poder de las grandes tecnológicas, el avance de las derechas radicalizadas y el papel que deberían asumir las fuerzas populares frente a este nuevo momento histórico.
Consultado sobre el clima de tragedia que parece dominar el escenario internacional, Monedero recurrió a dos metáforas vinculadas a la luz: espabilar y encandilar.
Explicó que espabilar proviene del pabilo de las velas: cuando uno sopla el pabilo, la llama vuelve a encenderse.
“Son tiempos de espabilar, de volver a avivar la luz”, señaló.
Encandilar, en cambio, es una técnica utilizada para cazar gansos: se les acerca un candil que los deslumbra y quedan paralizados.
A partir de esa imagen, Monedero dejó una de las ideas centrales de la conversación:
“Tenemos que dejar de estar encandilados. No dejarnos absorber por el apocalipsis, porque el apocalipsis te paraliza”.
Según explicó, durante un tiempo parte del movimiento ecologista cayó en ese problema: advertir permanentemente sobre el fin del mundo generaba más parálisis que conciencia.
Por eso comenzaron a hablar de transiciones posibles, de cambios graduales capaces de ir desbordando el sistema.
Para Monedero, enfrentar la crisis actual exige recuperar dimensiones de la política que muchas veces se han separado.
Por un lado, volver a pensar en términos revolucionarios, es decir, imaginar la posibilidad de otro mundo posible.
Pero al mismo tiempo ser reformistas, capaces de reconocer y consolidar avances concretos que mejoren la vida de los pueblos.
Y finalmente ser rebeldes, capaces de desbordar al sistema cuando este se vuelve injusto o incapaz de responder a los desafíos históricos.
“Tenemos que volver a ser reformistas, revolucionarios y rebeldes al mismo tiempo”, sostuvo.
El politólogo también advirtió que el escenario actual no puede entenderse sin el impacto de más de cincuenta años de modelo neoliberal, que terminó debilitando la confianza en lo colectivo.
Ese proceso, señaló, erosionó valores fundamentales como la comunidad, la esperanza y la capacidad de imaginar alternativas.
Por eso se definió como “un pesimista esperanzado”.
Pesimista porque los pueblos enfrentan poderes enormes.
Esperanzado porque también percibe señales de reacción frente a la lógica de guerra y confrontación que impulsa parte del poder global.
Otro de los temas centrales de la conversación fue el papel de las grandes empresas tecnológicas y el desarrollo de la inteligencia artificial.
Monedero advirtió que estas tecnologías no pueden quedar en manos de corporaciones cuyo poder económico supera al de muchos Estados.
“Estamos entregando la bomba nuclear del siglo XXI, que es la inteligencia artificial, a empresas que tienen más recursos que la mayoría de los países del planeta”, señaló.
Frente a ese escenario, defendió la necesidad de Estados fuertes, ciudadanía activa y política democrática capaz de regular esos poderes.
Hacia el final de la entrevista, Monedero también cuestionó una tendencia que, según él, atraviesa a parte de los espacios progresistas: la nostalgia por el pasado.
“Estoy radicalmente en contra de la nostalgia”, afirmó.
Mientras la nostalgia paraliza, explicó, la memoria activa permite aprender de la historia y proyectar nuevos caminos.
Mirar con nostalgia el pasado, sostuvo, puede terminar siendo una forma de renunciar a las peleas del presente.
Por eso retomó una idea clásica de Antonio Gramsci:
“Al pesimismo de la inteligencia hay que oponerle el optimismo de la voluntad”.
Para Monedero, ese optimismo se expresa en la organización colectiva, la militancia y la participación política.
“Hay que militar en la política, en las calles, en el relato y también en la alegría”, concluyó.
“Si perdemos la alegría, perdemos las fuerzas para seguir peleando”.




