Mientras el debate sobre la baja de la edad de imputabilidad vuelve a instalarse con fuerza a partir de un caso conmocionante, desde la escuela y el territorio emergen voces que complejizan la discusión. No desde la consigna rápida ni desde la comodidad ideológica, sino desde la experiencia concreta con pibes y pibas en contextos de vulnerabilidad.
Jorge Tarico, docente y referente pedagógico de larga trayectoria, ex directivo en distintas escuelas atravesadas por la desigualdad social, propone una clave conceptual que ordena el debate más allá de lo jurídico. José María Martini, docente y coordinador del Centro Socioeducativo María Remedios del Valle, aporta su mirada desde la urgencia cotidiana de los adolescentes en situación de intemperie.
Entre ambos trazan un diagnóstico imprescindible: la discusión sobre la imputabilidad no puede separarse de la manera en que la sociedad está mirando hoy a sus jóvenes.
Para Tarico, el eje no solo es la baja de la edad de imputabilidad, sino el desplazamiento cultural que la precede.
“Lleva un tiempo largo mi percepción de que los jóvenes pasaron de ser vistos por la mayoría de la sociedad —más allá de las clases sociales— de estar en peligro a ser un peligro.”
La frase condensa una transformación profunda. Durante décadas, el adolescente —especialmente el de sectores populares— fue narrado como sujeto en riesgo: atravesado por carencias, exclusiones y fragilidades institucionales. Hoy, en cambio, es crecientemente representado como amenaza.
Ese giro no es menor. Cuando un grupo social deja de ser destinatario de protección para convertirse en objeto de sospecha, se modifica el tipo de respuestas que la sociedad considera legítimas.
En ese contexto, lo que Jorge conceptualiza como “agenda del miedo” cumple una función ordenadora.
“Quien maneja la agenda del miedo en el cotidiano social, con intención de dominio de la mirada pública, presiona por este lado. Mientras la gente habla de este tema, no ve pasar los cambios estructurales que comprometerán su futuro y el de su familia.”
El caso singular se transforma en argumento general. La excepción emocional se convierte en regla política. Y sin embargo:
“Es público la bajísima incidencia porcentual de los niños, niñas, adolescentes y jóvenes pobres en los delitos graves y violentos.”
La percepción social, sin embargo, no se estructura sobre estadísticas sino sobre imágenes reiteradas.
Tarico advierte además que la construcción del “pibe peligroso” no es sólo mediática o política, sino también cultural. Al intentar comprender el caso que detonó la discusión pública, no pudo evitar asociarlo con una ficción reciente.
“No puedo evitar relacionar… una serie inglesa llamada Adolescencia… en la cual hay una enorme similitud entre lo que pasa en la serie y lo que pasó en el hecho real.”
Lo que lo inquieta no es la ficción en sí, sino el modo en que ciertas narrativas representan a los adolescentes.
“Hay una idea muy tremendista y poco cuidadosa con la vida de los adolescentes y su entorno… ¿hasta qué punto la sociedad se pregunta qué sucede con ciertos productos culturales que se toman como modelo de bondad y terminan siendo quizás modelos para abrir ciertas puertas?”
La pregunta no es moralizante, sino ética: ¿qué imágenes legitimamos cuando celebramos determinadas representaciones? ¿Qué lugar simbólico le asignamos a nuestros pibes?
En el fondo, sostiene, la construcción de un enemigo común es una constante histórica que pretende descargar en los que mas sufren el peso de una crisis estructural.
“Históricamente la construcción de un enemigo común y cercano es básica para todo proyecto de dominación social.”
Hoy, ese enemigo parece tener rostro adolescente.
José María Martini pone el foco en otro aspecto decisivo: la intemperie.
“Los pibes están solos… no hay una propuesta de parte del Estado nacional, provincial o municipal que llegue.”
La discusión sobre la imputabilidad, afirma, debe abrirse hacia adentro del campo nacional y popular, no para adoptar el discurso punitivo, sino para revisar un sistema que tampoco está dando respuestas.
“Hay que revisar esa ley, hay que repensar esa ley en términos de qué le vamos a proponer a esos pibes y a esas pibas. La ley tal cual está hoy no sirve para nada.”
Martini no niega la complejidad del problema. Reconoce que existe un grupo de adolescentes que convive cotidianamente con el delito.
“En el marco delictual son reconocidos.”
Ahí aparece una dimensión central: el delito como forma de reconocimiento. Porque fuera de ese circuito, el lugar asignado es aún más duro.
“La sociedad lo ubica en un lugar… en un lugar de los nadie… y es peor, porque si yo te tengo como algo malo, por lo menos te tengo; pero es más duro que eso todavía.”
La paradoja es brutal: muchos jóvenes sólo adquieren visibilidad cuando mueren.
“Recién encuentran un reconocimiento cuando los matan… aparecen las remeras, los murales…”
La imputabilidad, entonces, no puede discutirse sin responder antes otra pregunta.
“¿Qué le vamos a proponer a esos pibes? ¿Cómo escapar al equilibrio entre el adultocentrismo y el abandono?”
Entre decidir todo por ellos y dejarlos librados a su suerte, la política debe construir una tercera vía.
Ambos coinciden en algo: el sistema penal juvenil actual tampoco funciona.
“No cuida, no atiende, no acompaña, no sostiene… es la metáfora de la frazada: tapan de un lado y destapan del otro.”
La baja de la edad de imputabilidad, entonces, aparece menos como solución y más como síntoma.
Síntoma de una sociedad que endurece su mirada.
Síntoma de un Estado que debilitó sus estructuras de contención.
Síntoma de una conversación pública organizada por el miedo.
Pero también síntoma de una deuda interna: la necesidad de discutir hacia adentro del campo democrático qué proyecto tiene para esos pibes y pibas.
Si algo aportan estas dos voces es una advertencia: antes de bajar edades, habría que elevar propuestas. Antes de ampliar el castigo, reconstruir el reconocimiento.
Porque cuando una sociedad empieza a ver a sus adolescentes como peligro, el problema no es sólo penal. Es el tipo de comunidad que está dispuesta a construir




