En una conversación en el programa Barrio Adentro, conducido por Diego Molinas, Jorge Elbaum reflexionó sobre el escenario internacional marcado por guerras, tensiones geopolíticas y la transición hacia un mundo multipolar. En ese marco, también abordó la situación argentina y planteó una idea que atraviesa su lectura histórica del país: el malestar social que hoy aparece disperso tiende, tarde o temprano, a converger y reorganizar la política.
Diego Molinas:
Diagnóstico de mundo. Hablábamos de que por momentos es difícil tramitarlo en la subjetividad. Parece todo muy pesimista. Sin embargo, tu análisis permite desde lo cognitivo comprenderlo y, a partir de comprenderlo, por lo menos analizarlo y tomar posición.
Jorge Elbaum:
Yo tengo una perspectiva vitalista. Si uno se enoja con la realidad no puede comprenderla. Lo primero que hay que hacer es tratar de comprender los procesos más allá de las tragedias y las malas noticias que nos lastiman cotidianamente.
El mundo está marchando irreversiblemente hacia la multipolaridad. Estados Unidos está intentando evitarlo. Puede retrasar un poco esa multipolaridad, pero no va a poder vencer las fuerzas estructurales que tienen que ver con la demografía, la economía, la productividad y la competitividad, y sobre todo con la ventaja civilizatoria que tiene China respecto a Estados Unidos.
Gran parte de las acciones impulsadas por Donald Trump en distintos escenarios internacionales, como Venezuela o Irán, tienen que ver con intentar recuperar lo que plantea su consigna “Make America Great Again”. Es decir, reconocer que Estados Unidos ya no tiene la hegemonía que tuvo y tratar de recuperar un paraíso perdido que en realidad ya es irrecuperable.
Diego Molinas:
Quería consultarte sobre dos elementos que aparecen en este conflicto. Por un lado la irrupción de la inteligencia artificial y las nuevas tecnologías en la guerra. Y por otro lado la guerra asimétrica que está planteando Irán.
Jorge Elbaum:
Estados Unidos está empantanado en esta situación. Esta es una guerra a la que Netanyahu llevó de las narices a Trump y ahora Trump no sabe cómo salir.
Lo que probablemente quede después de esta guerra, más allá de los daños y las tragedias, es un nuevo equilibrio regional y también la asunción por parte de Estados Unidos de que ya no tiene las ventajas imperiales que suponía tener.
Podrán hacer mucho daño sobre Irán, e Irán podrá hacer mucho daño sobre Israel. Pero estamos frente al primer ejército del mundo y uno de los más poderosos contra una potencia regional. No van a poder vencer militarmente a Irán, aunque sí dañarlo.
Respecto de las nuevas tecnologías, la inteligencia artificial y los sistemas satelitales han sido fundamentales para operaciones de espionaje y para asesinatos selectivos. Muchas de esas operaciones se han realizado con apoyo de la CIA y el Mossad.
Estas herramientas pueden servir para la medicina o para resolver problemas ambientales, pero también están siendo utilizadas para propaganda, guerra cognitiva y espionaje.
Diego Molinas:
Pareciera que Occidente está dejando atrás esa supuesta superioridad moral vinculada a la democracia. ¿Está crujiendo ese orden moral?
Jorge Elbaum:
Sí. El sistema democrático nacido en la modernidad vino acompañado de una falsa superioridad moral que estuvo basada en el esclavismo, el colonialismo y las guerras mundiales.
Ese sistema empieza a mostrar su crisis con mucha claridad a partir de la crisis financiera de 2008. A partir de ahí lo que aparece es que el Sur Global se empoderó y empieza a reclamar un mundo multipolar.
Estados Unidos puede retrasar ese proceso, pero no puede detenerlo.
No puede atacar a Rusia ni a China porque son potencias nucleares, y tampoco tiene fuerza suficiente para sostener indefinidamente el esquema de poder global que construyó después de la Segunda Guerra Mundial.
Desde 1945 Estados Unidos prácticamente no ganó ninguna guerra: perdió en Vietnam, se empantanó en Irak y en Afganistán.
Después de esta guerra, más allá de los daños, probablemente Irán, China y Rusia salgan fortalecidos en el escenario internacional.
Diego Molinas:
Francisco habló de una “tercera guerra mundial en cuotas”. ¿Creés que esa definición es correcta?
Jorge Elbaum:
Coincido absolutamente con Francisco. Con enorme lucidez previó muchos de los acontecimientos del siglo XXI.
Estamos viviendo una reacción frente a cambios históricos muy profundos. Algo parecido ocurrió a comienzos del siglo XX frente a la Revolución Rusa, cuando aparecieron fenómenos reaccionarios como Franco, Mussolini o Hitler.
Hoy estamos en otra fase reaccionaria donde las ultraderechas, lideradas por Trump, intentan detener un proceso histórico que en realidad es imparable.
Incluso por razones demográficas. Occidente tiene tasas de natalidad negativas, mientras que el Sur Global tiene tasas positivas.
Diego Molinas:
¿Qué reflexión tenés sobre el posicionamiento de Argentina frente a estos conflictos?
Jorge Elbaum:
Estamos viviendo una etapa patética y payasesca con un presidente que habla de guerra sin que las instituciones que pueden declararla se hayan expedido.
En la Constitución argentina solo el Congreso puede declarar la guerra. Estamos frente a una irresponsabilidad enorme que debería abrir una discusión institucional muy seria.
Argentina históricamente ha sido un país que defendió la resolución pacífica de los conflictos y hoy estamos en una situación que avergüenza a muchos argentinos.
Diego Molinas:
¿Y qué rol puede tener la militancia social frente a este escenario?
Jorge Elbaum:
Si uno analiza la historia argentina, en muchos momentos de dolor y crisis las luchas sociales se expresaron primero en la calle y a partir de esas luchas se reorganizaron las orientaciones políticas.
Pasó el 17 de octubre de 1945.
Pasó el Cordobazo en 1969.
Pasó en el 2001.
En Argentina los procesos políticos suelen organizarse de abajo hacia arriba. Primero aparece el malestar social, la movilización y la presión desde la sociedad, y después aparecen los dirigentes que expresan ese proceso o los que lo traicionan.
Hay una tradición histórica que va desde Moreno, Dorrego y Rosas hasta Yrigoyen, Perón, Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner.
En algún momento la sociedad vuelve a reorganizar su respuesta frente a las crisis.




