La visita de León XIV a Uruguay dejó una definición política y cultural que merece ser observada con atención. A lo largo de todo su recorrido, desde sus referencias a Artigas y la soberanía popular hasta su encuentro con las familias de Casavalle, el Papa expresó una misma preocupación: qué sociedad estamos construyendo y qué lugar ocupan en ella las personas más vulnerables.
No fueron intervenciones aisladas. Apareció una concepción integral de la vida social, donde la economía, la política, el trabajo y las instituciones encuentran su sentido en la dignidad humana y el bien común.
Hay una continuidad evidente con Francisco, aunque León XIV la expresa con un estilo propio. Su comunicación es más pausada, reflexiva y académica. Sus intervenciones tienen una elaboración intelectual muy marcada, pero esa serenidad no supone neutralidad. Uruguay mostró a un Papa dispuesto a expresar sus convicciones y a intervenir sobre los problemas concretos de la sociedad.
CASAVALLE: UNA DEFINICIÓN SOBRE EL SENTIDO DE LA SOCIEDAD
La visita a Casavalle fue probablemente la imagen más significativa de su recorrido. Al encontrarse con familias de uno de los barrios más postergados de Montevideo, León XIV puso rostro y territorio a una preocupación que había atravesado sus discursos.
Recuperando la parábola del buen samaritano, cuestionó la indiferencia frente al sufrimiento y planteó la responsabilidad compartida de la Iglesia, la comunidad civil y el Estado.
Su mensaje contiene una definición profunda: la pobreza no es un problema individual ni una fatalidad que deba aceptarse. Es una realidad que compromete a toda la sociedad.
La comunidad, la organización territorial y las instituciones aparecen así como dimensiones indispensables de cualquier proyecto que pretenda poner la vida humana en el centro.
Casavalle permitió comprender que su preocupación social no se limita a una expresión de sensibilidad religiosa. Es parte de una concepción sobre cómo debe organizarse la sociedad.
DOS CONCEPCIONES EN DISPUTA
Es desde esa perspectiva que su llegada a la Argentina adquiere una particular relevancia.
El proyecto de Javier Milei expresa una concepción que coloca al individuo, la competencia y la primacía del mercado en el centro de la organización social. El ajuste y el debilitamiento de las capacidades del Estado tienen consecuencias concretas sobre el trabajo, los ingresos y las condiciones de vida de millones de argentinos.
La crueldad planificada no es solamente una consecuencia económica: expresa una manera de concebir el poder y de naturalizar el sufrimiento de quienes quedan al margen de ese modelo.
La perspectiva de León XIV se encuentra en las antípodas de esa lógica. Cuando reivindica la responsabilidad colectiva, la dignidad del trabajo y el compromiso de las instituciones frente a la pobreza, está planteando otra idea de sociedad.
No se trata de convertir al Papa en un actor partidario ni de atribuirle posiciones que no expresó. Se trata de reconocer que sus definiciones tienen una inevitable proyección política. Una economía que se desentiende de las personas, una sociedad que naturaliza el hambre y un Estado que renuncia a sus responsabilidades entran en tensión con los fundamentos de la doctrina social de la Iglesia.
En definitiva, la discusión es sobre la finalidad de la economía y el sentido de la vida en comunidad.
LA CONTINUIDAD DE FRANCISCO
León XIV recoge una tradición que Francisco colocó en el centro de su pontificado: la opción por los pobres, la crítica a la cultura del descarte y la convicción de que nadie puede realizarse plenamente en una sociedad que abandona a sus integrantes.
Lo hace con otra personalidad y otra forma de comunicar. Su estilo es más reflexivo, su argumentación más académica y su presencia institucional muy cuidada. Pero Uruguay permitió comprobar que esa diferencia no implica una moderación de sus convicciones sociales.
Hay una continuidad doctrinal y humanista que merece ser reconocida. La dignidad humana, el trabajo, la solidaridad y el bien común siguen siendo principios ordenadores de su mirada.
LA ARGENTINA ANTE SU MENSAJE
La Argentina recibirá a León XIV en un momento de profunda discusión sobre su destino económico y social.
Nuestro país tiene una historia de organización popular, movimiento obrero, solidaridad y justicia social que forma parte de su identidad. También atraviesa un proceso de deterioro de las condiciones de vida que vuelve especialmente actuales las preguntas que el Papa planteó en Uruguay.
Su visita puede contribuir a recuperar una discusión fundamental: el desarrollo no puede medirse exclusivamente por variables económicas, sino también por las condiciones de vida de las personas, las oportunidades que tiene una comunidad y la capacidad de una sociedad para no dejar a nadie atrás.
Lo que vimos en Uruguay permite anticipar que León XIV no será un observador distante de esas discusiones. Su palabra tiene fundamentos, continuidad y una orientación reconocible.
Llega a la Argentina siguiendo el camino abierto por Francisco, pero con su propia identidad pastoral e intelectual. Y llega con una concepción de sociedad que interpela directamente los fundamentos del proyecto de Milei.
En última instancia, la pregunta que atraviesa su mensaje es sencilla y profundamente política: ¿la economía y el poder están al servicio de las personas o las personas deben quedar sometidas a sus exigencias?
Frente a la crueldad planificada, la dignidad humana. Frente al individualismo, la comunidad. Frente a la exclusión, la justicia social.
Diego Molinas




